Profesionales de otras áreas de la medicina que realizan intervenciones propias de un cirujano plástico, precios que no cubren las mínimas garantías en cuanto a las instalaciones y los procesos y, por lo tanto, poca cualificación de las personas implicadas. Viene ocurriendo en los procedimientos de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora y ha comenzado a sufrirlo también la Medicina Estética, según denuncian las asociaciones del sector.

Desde Aecep, su presidente Jesús Benito Ruiz, explica cómo, con una intención eminentemente económica, se está utilizando la etiqueta “mínimamente invasivo” como “un subterfugio para minimizar la sensación de riesgo y reducir el miedo al procedimiento.” Y añade: “Si pincho, inyecto, o uso un tratamiento con energía ya estoy invadiendo.”

Se refiere el doctor Benito Ruiz a las inyecciones de botox y ácido hialurónico y a otras técnicas basadas en aparatología, como el láser y la radiofrecuencia. Todos ellos, en manos no cualificadas pueden producir daños graves como quemaduras o problemas de pigmentación de la piel debido a los láseres, necrosis cutánea por productos mal inyectados, además de deformidades severas a causa de los tratamientos inyectables.

Uno de los problemas, según el presidente de la Asociación Española de Cirugía Plástica y Estéticaes el abuso de consumo de la Medicina Estética.  El paciente acude a las clínicas, explica, guiado por el bombardeo de las ofertas y el atractivo del low cost. Puede ocurrir, y ocurre desgraciadamente, que, sin saber si esa persona se ha sometido con anterioridad a algún otro tratamiento, se la indiquen otros nuevos inyectables con diversos tipos de materiales, sin conocer las interacciones entre ellos y en cantidades a veces desproporcionadas.