No moriremos de muerte natural. Sólo nos despediremos de este mundo si algo se tropieza en nuestro camino y lo trunca, un suceso como  un accidente, un atropello o una caída. Pero nuestro deceso no será causa del paso del tiempo. Lo pronostican desde la Singulary University de Silicon Valey, donde ya tocan la inmortalidad con los dedos.

Dicen que lo veremos entre los próximos veinte y treinta años. Para 2045, pronostican, los humanos habremos sido capaces de detener el proceso de envejecimiento. ¿Euforia futurista? Se sabrá, lo cierto es que hasta entonces los años se seguirán reflejando en nuestro rostro.

Esta realidad, que antes sólo parecía ser motivo de preocupación y hasta de ansiedad exclusiva de  las personas que se dedicaban a la vida pública, sobre todo a las artes escénicas, parece no encajar  hoy con los deseos de una sociedad cada vez más preocupada por la imagen.

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