No moriremos de muerte natural. Sólo nos despediremos de este mundo si algo se tropieza en nuestro camino y lo trunca, un suceso como  un accidente, un atropello o una caída. Pero nuestro deceso no será causa del paso del tiempo. Lo pronostican desde la Singulary University de Silicon Valey, donde ya tocan la inmortalidad con los dedos.

Dicen que lo veremos entre los próximos veinte y treinta años. Para 2045, pronostican, los humanos habremos sido capaces de detener el proceso de envejecimiento. ¿Euforia futurista? Se sabrá, lo cierto es que hasta entonces los años se seguirán reflejando en nuestro rostro.

Esta realidad, que antes sólo parecía ser motivo de preocupación y hasta de ansiedad exclusiva de  las personas que se dedicaban a la vida pública, sobre todo a las artes escénicas, parece no encajar  hoy con los deseos de una sociedad cada vez más preocupada por la imagen.

Las redes sociales parecen ser el motivo principal entre el sector de población más joven, que necesita estar siempre “preparado para la foto”. La demanda de cirugías estéticas crece en todo el mundo y se solicitan a edades más tempranas, pero también pasados los sesenta.

No hay una edad límite, reconoce el cirujano Moisés Martín Anaya, hay una salud límite. Con el aumento de la esperanza de vida, pero sobre todo de la calidad, someterse a una intervención para mejorar estéticamente depende de cómo se encuentre esa persona, de si tiene alguna enfermedad o diagnóstico que le dificulte para pasar por el quirófano.

En el caso del lifting facial, la intervención que se ocupa de rejuvenecer el rostro, dependerá de cada individuo, pero se suele recomendar a partir de los 35-40 años, cuando se comienzan a hacer visibles los efectos de la gravedad, el envejecimiento de la piel y la pérdida de volumen.

Estos son los tres factores principales que se trabajan en esta intervención, una de las más largas, con una duración de entre tres y cuatro horas, con anestesia general o local con sedación, y que consiste en recolocar las estructuras faciales a nivel profundo, es decir, trabajando la musculatura de la cara.

La operación, puntualiza Martín Anaya, no sólo estira, tal como se piensa, también aborda la pérdida de volúmenes, algo más necesario todavía tras alisar los tejidos. El objetivo es mantener el perfil facial sin cambiar la expresión.

¿Cómo se realiza el abordaje en el quirófano? El cirujano plástico explica que, gracias a complementos como el botox o el ácido hialurónico, se ha podido suprimir el llamado lifting frontal, que ya no se practica. Para trabajar la frente se realizaba una incisión en el cuero cabelludo. Hoy en día este proceso se ha sustituido por las inyecciones de botox, que paralizan la musculatura, eliminando las arrugas de expresión.

Sí se realizan otras incisiones, pegadas y escondidas tras los pliegues de las orejas para trabajar el tercio inferior y otra en la zona de barbilla, bajo el mentón para operar la parte del cuello. No es necesario cortarse el cabello para realizar las incisiones.

Los aspectos que corrige un lifting facial son los que envejecen la expresión y que, el director de Clínica del doctor Moisés Martín Anaya, resume en seis:

Caída y laxitud de las mejillas: La intervención busca reparar este aspecto, resaltando el pómulo. Un injerto de grasa propia del paciente como complemento, añade el doctor, ofrece un resultado fresco y juvenil. La caída de la mejilla se soluciona mediante la colocación endoscópica de suturas que tensan la musculatura y la grasa del tercio medio facial.

Surco nasogeniano marcado: marca de expresión que parte del final de la nariz y que desciende en oblicuo hasta el final de la boca. Un aspecto importante del procedimiento se basa en tensar esta zona.

Líneas de marioneta: son la prolongación de las anteriores. Van desde el final de la boca a la barbilla. En el lifting se elimina la flacidez de estas comisuras.

Arrugas periorales: aparecen encima del labio superior. Al tensarse el área desaparecen estas marcas.

Bandas de platisma: pliegues verticales del cuello hasta el comienzo del escote. Se eliminan las bandas al recortar el músculo sobrante y caído, relajándolo mediante incisiones y definiendo el ángulo del cuello.

Laxitud de la piel cervical

Se trabaja una vez eliminada la papada, mediante la extracción de la grasa .

Estos aspectos se tratan en el lifting cérvico facial de manera tridimensional, es decir desde la parte profunda de los músculos faciales. Después, la piel se aplica sobre su sitio sin tensión.

Sólo así, recalca Martín Anaya, se consiguen resultados más duraderos y naturales. Esta es la clave. Si se pierde la expresión, si se nota en exceso, no se ha obtenido el mejor resultado.

A veces existe una “sobreoperación” -operarse cuando no se necesita -o un “sobretratamiento”, aplicarse botox  u otras substancias sobre un rostro operado que ya no lo precisa. En este sentido, advierte el cirujano, hay que escuchar y dejarse llevar por el profesional de la cirugía estética.

Los tratamientos en clínica, el citado botox, el ácido hialurónico, el plasma enriquecido o la grasa autológa, explica, no son sustitutivos del lifting a partir de cierta edad y si el rostro está muy ajado. Forman parte de un arsenal preventivo para mantener una buena imagen que permite evitar, apunta, el trauma quirúrgico, gastar menos dinero y lucir un buen resultado.

Ahora bien, estos tratamientos tienen unas pautas de aplicación y su abuso arroja esos rostros inexpresivos, algo inflados y exagerados que a veces vemos en las pantallas y que no son representativos de un buen resultado ni en cirugía ni en medicina estética.