Al igual que antes de la crisis, en torno al 12% de las operaciones de cirugía estética en España corresponden a día de hoy a pacientes masculinos, a quienes, sin embargo, las dificultades económicas no les han hecho variar sus preferencias a la hora de someterse a una intervención. Por el contrario, las mujeres, que suponen el 88% restante, sí han ido dando mayor prioridad, en los últimos años, a intervenciones de las denominadas “meno-res”, es decir, las que conllevan cirugías menos invasivas, requieren de menos tiempo de postoperatorio y, lógicamente, tienen un coste inferior.

 

Según el Dr. Miguel Chamosa, presidente de la SECPRE, “las mujeres siempre han recu-rrido más que los hombres a la cirugía estética, pero, en tiempos de crisis, ellos se están mostrando menos proclives a renunciar por motivos económicos a la intervención que desean o necesitan. En otras palabras, es probable que una paciente que quiera un aumento de mamas lo aplace a la espera de mejor ocasión y opte, entre tanto, por un pequeño retoque, como la corrección de unas arrugas, pero es improbable que un hombre que quiera una liposucción deje de hacérsela o la sustituya por otra intervención”.

 

La liposucción es, precisamente, una de las intervenciones más demandadas por los hom-bres españoles, sobre todo para aquellas zonas en las que los acúmulos grasos se mues-tran más rebeldes a las dietas y el ejercicio físico, como el abdomen y los flancos o, en ter-minología popular, la “barriga cervecera” y “el flotador”. Los acúmulos suelen tener, de he-cho, un volumen que hace imprescindible la liposucción para lograr los objetivos estéticos perseguidos, ya que el resto de técnicas, como los ultrasonidos, la radiofrecuencia, la cavi-tación, la criolipolisis o el láser, consiguen reducciones del tejido adiposo muy pequeñas al destruir las células de grasa pero no succionarlas.

 

Doble mentón, ginecomastias y pseudoginecomastias

 

La sobrealimentación, unida a componentes hereditarios, también está detrás del recurso de muchos hombres a la liposucción para la eliminación de grasa bajo el mentón, la deno-minada “papada” o “doble mentón”, que se considera como tal cuando éste forma una línea diagonal con el esternón en vez de un ángulo recto. La liposucción suele utilizarse, así mis-mo, en varones con sobrepeso en cuyas mamas se ha producido una acumulación de gra-sa, conocida como pseudoginecomastia por tener únicamente un componente estético y por oposición a la ginecomastia verdadera.

 

Este último término, procedente de la palabra griega usada para definir “mamas similares a las de la mujer”, es el engrandecimiento de una o ambas glándulas mamarias en el hom-bre, generalmente por causas desconocidas aunque se asocie a veces al consumo de ciertas drogas o medicamentos y a algunos problemas médicos. Por ello, la intervención, realizada mediante una incisión junto a los pezones, persigue no sólo objetivos estéticos sino también de prevención del cáncer de mama. Consiste en la extracción quirúrgica de grasa y tejido glandular y, en casos extremos, de la piel sobrante, combinándose en oca-siones con una liposucción.

 

Blefaroplastias y rinoplastias

 

En general, uno de cada cuatro hombres españoles que recurre a la cirugía estética lo hace en busca de una liposucción, si bien la intervención más demandada, por casi el 60% de los pacientes, es la de cirugía facial y, dentro de ella, la de párpados y la de nariz. La primera, llamada blefaroplastia, es un procedimiento para extraer la grasa y el exceso de piel y músculo de los párpados. Realizada habitualmente con anestesia local, puede corre-gir la caída de los párpados superiores y las bolsas de los inferiores, características que envejecen al paciente, le dan un aspecto cansado y, en algunos casos, interfieren en su visión.

 

Mayoritariamente, en una blefaroplastia, las incisiones se practican en las líneas naturales de los párpados superiores y debajo de las pestañas en los inferiores, extendiéndose en ocasiones hacia las patas de gallo. En pacientes jóvenes en los que sólo hay exceso de grasa, no de piel y músculo, se puede realizar una blefaroplastia transconjuntival de los párpados inferiores, de manera que la incisión se practica en el interior del párpado inferior sin dejar cicatriz visible.

 

Un signo de envejecimiento adicional es el ocasionado por las ojeras, semicírculos oscuros debajo de las bolsas de los párpados inferiores. Se producen por la caída de los pómulos y las mejillas, que hace que el cráneo quede más marcado en esa zona, en lo que se conoce como un proceso de esqueletonización, y que la piel se oscurezca al perder consistencia. En tal caso, la solución pasa por extirpar las bolsas palpebrales, es decir, las bolsas de los párpados inferiores, e injertar grasa para disimular las ojeras. Otras opciones son la inyec-ción de ácido hialurónico, que también favorece un aspecto más blanquecino al dar espe-sor a la zona, o el lifting vertical, que reposiciona anatómicamente las mejillas y los pómu-los.

 

Finalmente, los hombres demandan, como las mujeres, intervenciones de cirugía de la na-riz por motivos estéticos, aunque también suelen hacerlo por problemas de otra índole como traumatismos o insuficiencias respiratorias (por ejemplo, por tener el tabique torcido). La rinoplastia ha evolucionado en los últimos años hacia el desarrollo de su variante “abierta”, en la que el cirujano plástico realiza una pequeña incisión en la columela (la parte de la piel entre la punta y la base de la nariz) para operar con un acceso más amplio y fácil a los cartílagos. En la rinoplastia cerrada, por el contrario, la operación se efectúa por den-tro de las fosas nasales, sin dejar rastros quirúrgicos a la vista.