La crisis socioeconómica afecta de manera directa a la salud física y psicológica de los españoles. Las estadísticas, extraídas a partir de una revisión de datos desde el año 2008 hasta la fecha de Clínica Opción
Médica, especialistas en Cirugía Plástica, Medicina Estética Avanzada y el Tratamiento de la Obesidad, revelan que desde el año 2009, los casos de obesidad y sobrepeso ligados a estados de ansiedad, estrés y depresión se
han visto incrementados un 32%. “Durante estos últimos años hemos registrado un aumento notable del número de pacientes que aseguran que sus problemas de exceso de peso se deben o se han agravado a raíz de la mala situación que viven en sus hogares como consecuencia de la crisis económica”, afirma Mónica Ruiz, especialista en psicología terapéutica. “El paro y las dificultades económicas que viven muchas familias hoy en día generan en sus miembros un proceso angustiante e impositivo que está facilitando la aparición de síntomas relacionados con estados de ánimo depresivos como el llanto, la desesperanza, el nerviosismo, la preocupación, la inquietud, la ansiedad, el aislamiento social y/o alteraciones del comportamiento como pueden ser agresividad, pereza, desorganización con la alimentación o incumplimiento de las responsabilidades”, sentencia la especialista. De hecho, 1 de cada 3
pacientes que solicitaron consejo médico para adelgazar fueron diagnosticados de trastornos por estrés y/o ansiedad. De todos ellos, el 57% manifestó encontrarse en una situación económica difícil debido a la crisis.

“La clásica frase ‘los nervios me engordan’ tiene mucho de cierto. Numerosos estudios demuestran que efectivamente existe una relación directa entre la obesidad y niveles altos de ansiedad. De hecho, la prevalencia de obesidad asociada a este tipo de enfermedades no ha hecho más que aumentar durante los últimos 10 años.
La razón es que muchas personas buscan consuelo en la comida para aliviar su angustia”, explica Ruiz. Un claro ejemplo es el conocido como ‘Trastorno por atracón’, caracterizado por la ingesta desmesurada de alimentos, generalmente de elevado valor calórico, en un corto espacio de tiempo y hasta acabar desagradablemente llenos.
“Estos pacientes asocian la sobre ingesta con una falsa sensación de bienestar y la utilizan como válvula de escape ante conflictos y situaciones de estrés no resueltos”, aclara la psicóloga. “Asimismo, las consecuencias
físicas, debido a la ganancia de peso, y psicológicas retroalimentan ese estado de ánimo, agravan la situación y sitúan al paciente en el circulo vicioso comer-placer-ansiedad/culpa-comer”, sentencia.

La ayuda externa, indispensable para superar el problema
En estos casos, es difícil que el paciente logre reconducir su situación por sí mismo. Por ello, es fundamental que se ponga en manos de especialistas experimentados que puedan ofrecerle un tratamiento multidisciplinar llevado a cabo por nutricionistas, endocrinos y psicólogos. “El objetivo es lograr una reeducación alimenticia y que el paciente adquiera unas pautas y hábitos saludables que le puedan acompañar a lo largo de toda la vida y le aseguren el mantenimiento del peso perdido”, asegura Mónica Ruiz. “A nivel psicológico, es importante buscar el origen de esos atracones y ayudar al paciente a buscar otras formas de canalizar esos sentimientos negativos y obtener otras formas de satisfacción, como por ejemplo, el deporte, un buen paseo, buscar algún hobby…”.

A menos recursos, mayor riesgo de padecer sobrepeso y/u obesidad
El Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2012, sitúa a una de cada cinco personas, en España, en situación de pobreza. El 44,5% de los hogares no se puede permitir ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año; el 40,0% no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos; el 7,4% se retrasa en el pago de sus facturas domésticas (hipoteca o alquiler, recibos de gas, electricidad, comunidad,…) y el 12,7% llega a fin de mes “con mucha dificultad”.

“Es un hecho que la actual crisis económica está deteriorando y agravando la salud física y psicológica de las personas españolas, ya que disponen de menos dinero para intentar comer mejor y, al menos el 12,7% de los
españoles, para poder alimentarse, aunque sea ‘comiendo mal”’, opina Mónica Ruiz.

Según datos del SEP (Examen de la Posición Socioeconómica, 2012), actualmente son los grupos más desfavorecidos social y económicamente los que están resultando más vulnerables a sufrir sobrepeso o/y obesidad.

“Aunque suene paradójico, existe una estrecha relación entre pobreza y obesidad. El elevado coste de los productos frescos y los considerados como ‘más saludables’ obliga a las personas con menos recursos a,
prácticamente, excluirlos de su cesta de la compra en favor de alimentos más económicos como los platos precocinados, la bollería industrial y la comida tipo fast-food”, concluye la experta.