Imagen 3La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte en los países desarrollados, muy por delante de la suma de todos los cánceres. Todos los años mueren el doble de mujeres de un accidente cerebrovascular que de cáncer de mama. La enfermedad cardiovascular no solo afecta a los hombres, su incidencia es similar en hombres y mujeres entre los 40 y 59 años.

Además en muchos casos el primer síntoma o signo de enfermedad cardiovascular es el propio infarto o el tromboembolismo cerebral y por tanto la prevención aun estando asintomáticos es necesaria. Ya nadie mínimamente informado es ajeno a la importancia de prevenir el infarto de miocardio o la trombosis cerebral a través de los buenos hábitos de vida, especialmente en lo relativo a la nutrición y al ejercicio.

Hasta hace muy pocos años los principales culpables de la enfermedad cardiovascular han sido el colesterol y la hipertensión arterial. Es cierto, pero solo en parte. La ciencia va avanzando y las cosas cambian. “No tome más de dos huevos a la semana”, este es un consejo médico sobradamente conocido y totalmente obsoleto hoy en día. Las carnes grasas, los embutidos, los lácteos enteros…, todos ricos en grasas saturadas y colesterol, deben controlarse, sin embargo el colesterol no es el único culpable, ni siquiera el principal culpable de la enfermedad cardiovascular. Grasas trans, diabetes, obesidad, sedentarismo, tabaquismo, antecedentes familiares…

Numerosos estudios científicos han puesto en duda, desde hace más de 60 años, la correlación entre los niveles plasmáticos de colesterol y la formación de la placa de ateroma que desencadene un evento cardiovascular. Uno de los ejemplos de esta circunstancia es el conocido como “La paradoja francesa” (1) que se refiere a la observación epidemiológica de baja incidencia de enfermedad cardiovascular en franceses con dietas ricas en grasas saturadas y altos niveles de colesterol. Por supuesto, esto no quiere decir ahora que tener el colesterol alto sea algo recomendable.

Recientes estudios han demostrado que el 75% de los ataques cardiovasculares no se producen por una placa de ateroma que estreche la luz de la arteria, sino por una ruptura de una placa de ateroma inflamada e inestable que se rompe y forma un trombo. Ese trombo viaja por la arteria hasta que se impacta en un lugar más estrecho, obstruyendo el paso de la sangre y produciendo un infarto, si es en el corazón, o una apoplejía, si es en el cerebro.

Por tanto, es el grado de inflamación y estabilidad de la placa lo que realmente importa. Desafortunadamente podemos tener placas de ateroma inflamadas e inestables en nuestras arterias y no notar absolutamente nada, incluso teniendo los niveles de colesterol normales. De hecho el 50% de las personas que tienen un ataque cardiaco tienen el colesterol normal (2). Afortunadamente ya existen pruebas analíticas y de imagen que detectan de manera mínimamente invasiva la presencia de placas de ateroma y de su grado de estabilidad.

En los chequeos 3.0 y 4.0 de Neolife se mide el Grosor de las capas Íntima y Media (GIM) de la pared de las arterias carótidas como fiel y precoz indicador de la formación de placa de ateroma. A mayor grosor, mayor riesgo de enfermedad cardiovascular (3). Igualmente se determina la ausencia o presencia, en mayor o menor grado, de calcificación de la placa de ateroma en las arterias coronarias (Score Cálcico). La calcificación de una placa de ateroma es un indicador de inflamación de esta y se conoce que a mayor calcificación, mayor riesgo cardiovascular.

Además Neolife es pionera en determinar el grado de inflamación de una placa mediante un análisis de sangre conocido como PLAC Test. La elevación en sangre de la enzima Lp-PLA2 (lipoproteina asociada a la fosfolipasa A2) es un potente indicador de que la placa de ateroma se está rompiendo y va a producir un trombo (4).

Por tanto, no solo debemos ocuparnos del colesterol y la tensión arterial para conocer nuestro grado de salud cardiovascular. El conocimiento profundo de nuestros biomarcadores da salud y longevidad nos dará la información necesaria para gestionar eficazmente nuestra salud y calidad de vida futuras.

 

(1) “The French Paradox; Lessons for other countries” 

(2) Sachdeva A, Cannon CP, Deedwania PC, et al. Lipid levels in patients hospitalized with coronary artery disease: an analysis of 136,905 hospitalizations in Get With The Guidelines. Am Heart J. 2009;157(1):111-117.e2.

(3) http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20378078

 

(4) The Lp-PLA2 Studies Collaboration. Lipoprotein-associated phospholipase A2 and risk of coronary disease, stroke and mortality: collaborative analysis of 32 prospective studies. Lancet. 2010;375(9725):1536-1544.