guilarteLa pérdida de seguridad es uno de los grandes problemas asociados a la transformación del pecho tras el embarazo y la lactancia. El doctor Guilarte despeja las incógnitas relacionadas con la ecuación maternidad, lactancia y pecho y explica propone la cirugía de elevación como la clave para recuperar la autoestima.

“Muchas mujeres llevan años sin mostrarse desnudas frente a su pareja por cuestiones relacionadas con la transformación de su pecho tras el embarazo”, Rubén Guilarte.

UNA CUESTIÓN DE PESO (Y PIEL) Caída drástica, distensión de la piel de la zona, ensanchamiento o pérdida de proyección… Son algunos efectos clásicos del embarazo sobre el pecho. Durante el embarazo, el pecho experimenta -de primeras- un considerable aumento de volumen, de un lado por el desarrollo de la glándula mamaria, que se produce por la inducción hormonal, y de otro por el almacenamiento de grasa que se produce en la zona. Estas transformaciones tienen el objetivo de preparar al pecho para la lactancia y conllevan numerosos efectos colaterales, como la atrofia (caída) de la mama o la distensión (estiramiento) de la piel. La mayor o menor incidencia de estos efectos depende, por un lado del aumento de volumen de la mama y del intervalo de tiempo en el que este incremento se ha producido y por otro de la calidad de la piel que la recubre.

La distensión que experimenta la piel por el aumento de volumen de la mama es lenta y progresiva durante el embarazo. Sin embargo, tras superar el parto, la disminución de su tamaño se produce casi sin transición. Según el doctor Guilarte, el problema radica justo en este punto. La piel, responsable no solo de envolver la mama, sino de sujetarla y mantenerla en su sitio, se muestra incapaz de recuperarse en tan breve intervalo de tiempo, por eso a menudo su estructura queda dañada de manera irreversible. “Todo se reduce a una cuestión de genética: si la piel es resistente y gruesa, el pecho volverá a su fisonomía y forma anteriores de forma natural, aunque siempre con algo menos de turgencia. De lo contrario, las distensiones y atrofia propias de embarazo y lactancia pueden ser irreversibles”, explica. Por eso las anatomías que combinan pecho grande y piel fina son carne de cañón de estos procesos.

Los síntomas 

• Flaccidez. Por lo general, a partir de los 30 años, el pecho comienza a perder turgencia a casusa de la involución de la glándula mamaria, que se produce por una disminución de la influencia hormonal estrogénica y aumento de los niveles de progesterona.

• Caída. La atrofia mamaria es un proceso rápido y se produce al confluir dos fenómenos: la falta de densidad de la mama por perderse glándula mamaria y ser reemplazada por grasa y la pérdida de elasticidad cutánea.

• Estrías. Son roturas de las fibras de las capas profundas de la piel. Se producen por las continuas distensiones a las que la mama se ve sometida durante este periodo. La piel se rompe en sus estratos más profundos, pierde su elasticidad y genera estas “cicatrices” que a menudo se convierten en irreversibles.

• Ensanchamiento de la areola y engrosamiento del pezón. Durante embarazo y lactancia, el pezón experimenta un súper desarrollo a causa de la subida de la leche y la succión del bebé. La areola, situada en el epicentro del pecho, se dilata.

• Crecimiento de la mama. Suele estar relacionado con el aumento del volumen graso de la mama. Durante el embarazo la glándula mamaria se hipertrofia y en es sustituida por grasa. El resultado es una mama de mayor tamaño y más pesada.

LA LACTANCIA 

Durante este periodo, la distensión de la piel por la acción repetida de succión del recién nacido es todavía más severa. Como resultado, la caída y ensanchamiento del pecho se agravan. “Por eso la prolongación de la fase de lactancia siempre repercutirá en una transformación más evidente del pecho”, afirma Guilarte.

¿EXISTE SOLUCIÓN? 

“Poco se puede hacer para prevenir estos efectos salvo procurar llevar un sujetador deportivo o elástico que comprima el pecho durante todo el periodo de embarazo”, asegura el cirujano. La buena noticia es que existe una intervención capaz de devolver al pecho su forma original e, incluso, mejorarla. La elevación de pecho o mastopexia reposiciona la areola y el pezón y elimina la piel sobrante de la porción inferior de la mama en una sola intervención.

A la hora de determinar qué procedimiento se requiere para mejorar la mama (y en muchos casos recuperar la seguridad perdida) habrá que valorar la relación volumen mamario-posición pezón. La mastopexia es recomendable si el pecho tiene más de 3 cm de caída o si, tras el parto, su tamaño ha disminuido en gran proporción con respecto a antes del embarazo. Si solo se da el primer caso, el doctor Guilarte recomienda una mastopexia con suturas de Goretex -que aportan más estabilidad a la mama y evitan futuros descolgamientos- para conseguir elevar y reposicionar el pecho.

Si existe además una pérdida de volumen, recomienda una cirugía combinada de mastopexia con aumento de pecho.

• Duración: 2,5 horas. Anestesia general. Ingreso de 24 horas.

• Procedimiento: el cirujano realiza una elevación de la areola y el pezón manteniendo siempre los vasos sanguíneos y nervios de la zona para mantener su tono y vitalidad. Al mismo tiempo demás elimina el exceso de piel de la parte inferior de la mama, responsable del aspecto caído de ésta.

• Postoperatorio: se requiere de curas durante dos semanas a realizar por el personal de la clínica. Los resultados definitivos se observan a los 6 meses.

• Presupuesto estimado: La mastopexia sin implantes, a partir de los 5500 euros.

 

CIRUGÍA, ¿SI O NO? ¿Cómo saber si la caída y/o la pérdida de volumen son severas? El punto clave para analizar el grado de caída del pecho es la relación volumen mamario/posición pezón.

“Si el pezón no se ha trasladado hacía abajo, lo ideal es realizar exclusivamente un aumento para recuperar el volumen perdido. Si el pezón se ha desplazado, es decir, existe caída, y además se da una pérdida de volumen importante, recomiendo la mastopexia combinada con  implantación de unas prótesis anatómicas. Pocas veces existe una caída de la mama no asociada a pérdida de volumen, pero en estos casos bastaría con una elevación de pecho o mastopexia simple”.

¿Qué implantes son más adecuados en casos de postlactancia o postembarazo?  Por lo general, en estos casos existe una pérdida de turgencia de la mama, es decir, el pecho tiene menos proporción de glándula mamaria y más grasa. Por ello, lo mejor es optar por un implante anatómico, ya que con ellos se consigue un volumen mejor distribuido, una forma más natural.

¿Se puede colocar un implante anatómico si se requiere además de una mastopexia?  Sí, en estos casos, a la hora de hacer la mastopexia se debe tener en cuenta la flaccidez de la mama e incluso se debe predecir el grado de caída que sufrirá en un futuro. Por ello la prótesis anatómica es ideal: la forma oblicua de su parte anterior (y no redonda) contrarresta considerablemente la caída de la mama.

Link casos reales. El antes y el después:

http://www.drguilarte.com/es/14_elevacion_mamaria_vertical_en_t_con_protesis.html.