La cirugía estética ya no es tabú. Famosos, personajes mediáticos, socialités y personas anónimas pasan por el quirófano para someterse retoques y, además, lo cuentan y lo exhiben en sus redes sociales.

El último caso ha sido el de María Pombo, que tras un silencio de cinco días en sus perfiles en red ha reaparecido con una imagen de su tabique nasal vendado y confirmando haberse puesto en manos de un profesional de la estética.

Tal como ha contado la propia influencer, la intervención ha tenido como objeto corregir un procedimiento previo en su nariz, o, lo que es lo mismo, se ha sometido a una rinoplastia secundaria.

Esta cirugía estética, explica la cirujana facial y otorrinolaringóloga María Teresa Achiques, consiste en tratar de solucionar problemas derivados de una primer intervención en la nariz y sus motivos pueden ser diversos. Entre los más habituales, la doctora cita la desviación del tabique nasal, los cambios en la punta de la nariz y algunas deformaciones, entre ellas la de v invertida.

También puede ocurrir algo que resulta habitual y es que el paciente no haya quedado contento con los resultados de su primera rinoplastia. En este sentido, la directora médica de Sensabell Plastic Surgery llama la atención sobre la necesidad de explicar a los pacientes la complejidad de esta área del rostro en relación al proceso quirúrgico.

Éste, señala, debe ser conservador y evitar un abordaje agresivo, ya que, de, un lado puede dar lugar a un mal resultado y, del otro, está supeditado a dos factores que se pueden controlar, pero nunca del todo. Se refiere la doctora a los procesos y cicatrización e inflamación postoperatorias.

Ambos pueden producir fallos, aunque es cierto que la última tecnología puede ayudar a prevenirlos mediante la evaluación y la planificación. Dispositivos como Vectra H1, con el trabaja la doctora Achiques, permiten una anticipación del resultado, que también puede servir de orientación para el paciente.

El de María Pombo, un caso difícil

En el caso de María Pombo, la doctora advierte una dificultad añadida y es que en su primera intervención se corrigió su tabique nasal, desviado por, según las declaraciones de la propia influencer, varias fracturas. La rinoplastia es aquí “más difícil, porque esos huesos se han deformado o fracturado y el cartílago probablemente se ha movido”.

La rinoplastia secundaria se puede complicar cuando es necesario realizar un injerto de cartílago de otras zonas del cuerpo y no se encuentra ya el tejido necesario en la nariz.

Como medidas para evitar este segundo paso por el quirófano, y si hablamos de rinoplastia, María Teresa Achiques, cita el seguimiento riguroso de los cuidados postoperatorios, que incluyen, por ejemplo, las advertencias de no hacer deporte ni llevar gafas hasta que el médico lo permita. Asimismo, es fundamental acudir a las revisiones, puesto que el resultado final puede comenzar a apreciarse a los dos años. Desde el momento en que se abandona el quirófano y hasta esa fecha, la nariz puede evolucionar y es preciso que el doctor pueda seguir y corregir, si es posible, los posibles cambios. Sin embargo, explica la cirujana, algunos pacientes se ven bien y dejan de acudir a los controles, además de tener (a veces también el propio doctor) mucha presión por regresar a la vida normal.