Parece la estrella de las clínicas de medicina estética. El bótox sin duda lo es. El Dr. Daniel Arenas Escribano nos explica el porqué de este éxito rotundo además de aportar su visión y experiencia acerca de cómo y por qué debe ser aplicada la toxina botulínica siguiendo y observando patrones específicos según cada rostro y sus músculos.

Según una reciencienciayopinionte encuesta presentada en el último Congreso nacional de la Sociedad Española de Medicina Estética, la mayoría de las pacientes que acuden por primera vez a una consulta con un especialista para mejorar su aspecto facial, rehúsan como primera opción el tratamiento con toxina botulínica. Este hecho se debe en parte a la desinformación que existe todavía sobre el uso y las indicaciones de esta sustancia en el campo de los tratamientos estéticos, ya que muchos pacientes identifican sus efectos con caras congeladas, inexpresivas o rellenadas con todo tipo de materiales.

Lo cierto es que la toxina botulínica ha supuesto un tratamiento revolucionario en el campo del rejuvenecimiento facial y actualmente ha desbancado a la cirugía en la eliminación de arrugas del tercio superior de la cara.

Esta sustancia actúa como relajante muscular evitando la aparición de pliegues en la piel que son consecuencia de la contracción muscular, sin tener ningún efecto de relleno sobre las arrugas.

Actuación personalizada

Hoy, la tendencia es a personalizar en cada caso la dosis y el número de puntos a inyectar, ya que aunque todas las personas poseemos los mismos músculos no todos los usamos de la misma manera. De este modo se evitan los tratamientos estandarizados, que sugerían unos patrones de inyección similares para todo tipo de casos. Esto conducía a resultados muchas veces anti naturales, que no se ajustaban a las necesidades individuales.

Ante una persona que acude por primera vez a realizarse un tratamiento con toxina hay que valorar qué músculos de su cara están influyendo en el patrón de arrugas que presenta.

Patrones de contracción

Según el estudio de la Dra. Trindade, prestigiosa dermatóloga brasileña, existen cinco tipos de patrones de contracción de la musculatura del entrecejo: patrón en “U”, patrón en “V”, patrón en “Flechas convergentes”, patrón en “Omega” y patrón en “Omega invertida”. Todos ellos se clasifican atendiendo a los músculos cuya contracción es más intensa cuando se pide al paciente que arrugue el entrecejo. Esta clasificación en patrones permite personalizar el tratamiento, insistiendo con más dosis de toxina en aquellos músculos que presentan una mayor actividad y evitando pinchar o tratando con menos dosis aquellos que no participan tanto en la deformidad.

Desde mi punto de vista hay que plantearse el tratamiento con toxina del tercio superior de la cara como una única unidad estética, debido a la relación agonista-antagonista que poseen los músculos localizados en él. En algunas ocasiones el objetivo del tratamiento será la eliminación de las arrugas debidas a la contracción muscular, pero en otras también se pretende reposicionar suavemente las cejas jugando con la dinámica muscular que actúa sobre ellas y esto no es posible si no se tratan de forma global todos los músculos que actúan sobre el complejo ciliar.

Tradicionalmente se han colocado muchos puntos de inyección sobre el músculo frontal para relajarlo, pero este planteamiento puede llevar a una laxitud excesiva del mismo que impida la elevación de las cejas. Recordemos que el músculo frontal es el único elevador de las cejas frente a siete músculos depresores, por lo tanto con el simple hecho de bloquear este grupo de músculos depresores se va a producir una relajación pasiva del frontal, por esta acción agonista-antagonista a la que están sometidos. De esta manera es fácil comprobar que el músculo frontal solo necesita ser tratado con pocos puntos de toxina en su porción más superior para evitar un conjunto de arrugas en la línea pre pilosa y conservar de este modo una franja de músculo activo, con un buen tono en reposo que garantice la elevación de las cejas. Algunos autores hablan incluso de la técnica “en micro dosis” para tratar las arrugas frontales, que consiste en inyectar varios puntos intradérmicos de tan sólo una unidad de toxina para bloquear las fibras que conectan el músculo con la piel y de este modo eliminar las líneas cutáneas, pero conservar la función de sostén sobre las cejas.

La toxina botulínica sigue siendo un tratamiento estrella en el rejuvenecimiento facial y la evolución en la filosofía de cómo aplicarla conduce a conseguir resultados cada vez más naturales y del agrado de los pacientes.

Dr. Daniel Arenas Escribano
Jefe de Sección del Servicio de Cirugía Plástica del Hospital Central de Cruz Roja de Madrid.
Cirujano Plástico de la Clínica Dermatológica Internacional de Madrid.
Manager Médico Especialista de Producto de Merz Aesthetics.
Profesor Honorario de la Universidad Autónoma de Madrid.
Miembro numerario de la SECPRE.