Todo sobre los hilos tensores

hilos tensores

En la búsqueda del procedimiento menos invasivo para tratar los signos del envejecimiento facial, los hilos tensores han ido adquiriendo cada vez más popularidad a pesar de que los resultados no siempre cumplen las expectativas de los pacientes, especialmente en lo que se refiere a la duración o al aspecto natural de los mismos.

Por el doctor Pierre Nicolau

Para alcanzar los objetivos deseados por el paciente es importante entender los cambios que sufre el rostro con el envejecimiento, con el fin de compensar dichos cambios y restaurar el aspecto de juventud y no crear una anatomía antinatural. Todas las estructuras del rostro se ven involucradas en este proceso: huesos, músculos, grasa y piel. A partir de los 25 años, cuando se alcanza la masa ósea máxima, los huesos faciales comienzan a sufrir cambios. A los 60 años, habremos perdido el 25% del volumen original, la frente pierde su redondez, se produce cierto hundimiento por encima de las cejas, en las sienes y en la línea de la mandíbula, y la barbilla se acorta y reduce su volumen.

Los músculos no se relajan, como podríamos pensar, sino que pierden volumen, y para compensarlo entran en un estado de contractura permanente. Esta es una de las principales causas de la aparición de arrugas, que además contribuye al deslizamiento de la piel y la formación de arrugas nasolabiales y líneas de expresión. A partir de los 25 años perdemos cada año el 1% de este volumen.

Pero los cambios más visibles tienen lugar en la grasa. La grasa se divide en dos capas: la capa superficial es la grasa de la piel, la misma que tenemos en todo nuestro cuerpo, que nos protege de los golpes y el frío, y mantiene la integridad de la piel. Su grosor cambia muy poco con la edad, pero aumenta o disminuye con los cambios de peso. Por otro lado, la grasa profunda se divide en compartimentos que rodean los músculos, permitiendo sus movimientos. A partir de los 30 años se pierde un 1% cada año, dando lugar a la aparición de zonas con menos relleno en las mejillas, a lo largo de la línea de la mandíbula, bajo los ojos, en las sienes y en la frente. Así pues, podemos considerar que a los 75 años habremos perdido el 75% del volumen total.

Es posible obtener un muy buen resultado con solo 4 ó 5 hilos, lo que supone menos trauma, menos lesiones y menos riesgos de complicaciones.

Otra consecuencia es el descolgamiento visible de la piel, aunque esto no es tan importante como creemos, ya que dicho descolgamiento se limita a los ligamentos que tenemos cerca de los ojos, la boca y la barbilla. Por lo tanto, es importante rejuvenecer el rostro para compensar estos cambios y pérdidas de volumen y, para conseguirlo, la mejor opción es recurrir a los rellenadores inyectables, que han de aplicarse a bastante profundidad, al nivel del hueso, en lugar de hacerlo bajo la piel.

Siempre que sea posible, podemos emplear la toxina botulínica para relajar la contractura del músculo y liberar las arrugas que dicha contractura crea en la frente, el entrecejo, las patas de gallo o el labio superior. Utilizadas adecuadamente, estas inyecciones resultan muy seguras y eficaces; es necesario repetir la aplicación cada 5 ó 6 meses, aunque se están testando algunos productos que prometen una duración de entre 18 y 24 meses. Sin embargo, este método no es capaz de compensar el descolgamiento más visible de la piel.

Antes la única solución pasaba por realizar un lifting facial quirúrgico, pero hoy en día es posible obtener el mismo resultado empleando hilos tensores, siempre y cuando no exista un exceso de piel, cuyo tratamiento adecuado es únicamente quirúrgico.

Técnicas

En 1926, un cirujano americano llamado Conrad Miller comenzó a utilizar hilos “realizados de diversos materiales, como seda tranzada, partículas de celuloide, marfil vegetal y otros materiales insolubles que demostraron su utilidad”. Obviamente, somos conscientes de que todos esos materiales podrían crear múltiples reacciones adversas y complicaciones, pero ya entonces el marketing era suficientemente eficaz para hacer creer a la gente que aquello podría funcionar.

A partir de los 25 años, cuando se alcanza la masa ósea máxima, los huesos faciales comienzan a sufrir cambios relacionados con el envejecimiento.

En la década de los cincuenta empezaron a utilizarse los hilos de oro para crear una red bajo la piel con el fin de alisarla, combinada con suturas quirúrgicas de hilo de seda u otros hilos especiales para sutura. El empleo del oro, que llegó a convertirse en una palabra casi mágica, resurgió en los años noventa. Por desgracia, las micropartículas que se desprendían provocaban múltiples complicaciones e incluso con los materiales de sutura más modernos los resultados no eran duraderos, ya que, en lugar de tirar de la piel, la red propiciaba la creación de cierta fibrosis que llevaba a un progresivo endurecimiento de esta. Para mejorar el anclaje comenzaron a aplicarse hilos dotados de espículas casi microscópicas, de amplio uso en la actualidad debido a que son baratas y fáciles de insertar.

Pero la cirugía nos ha demostrado que estirar y tensar la piel no resulta eficaz. Antes de finalizar los años 80, cuando el lifting quirúrgico levantaba mucho la piel hasta la boca y todo el cuello, y la tensaba fuertemente alrededor de la oreja, los resultados no duraban más de 4 ó 5 años, ya que la piel tiene una gran capacidad para relajarse rápidamente tras ser sometida a cierta tensión.

Gracias al mejor conocimiento de los cambios provocados por el envejecimiento, y al descubrimiento de los compartimentos de grasa, ahora podemos tratar directamente el pliegue nasolabial, las líneas de marioneta y el descolgamiento de las mejillas. Estos son los más superficiales de los compartimentos profundos de grasa facial, los que tenemos que volver a colocar, ya que la piel sigue su desplazamiento. Pero para ello necesitamos un anclaje firme en la grasa, anclaje que las pequeñas púas no pueden proporcionarnos, pues su tamaño es demasiado pequeño para mantener la tensión y se deslizan con facilidad dando lugar a gran cantidad de asimetrías y desplazamientos.

Desde 2012, se emplea una nueva tecnología basada en el uso de minúsculos conos que proporciona treinta veces más volumen para el anclaje y tres veces más fuerza. De este modo, en lugar de tener que colocar entre 15 y 60 hilos en cada lado del rostro, es posible obtener un muy buen resultado con solo 4 ó 5, lo que supone menos trauma, menos lesiones y menos riesgos de complicaciones.

Estos hilos están confeccionados con un producto totalmente reabsorbible que irá desapareciendo de forma gradual a lo largo de 18 y 24 meses, permaneciendo el tiempo suficiente para permitir su sustitución por el propio colágeno del cuerpo. La gran ventaja de esta estimulación del colágeno es el rejuvenecimiento gradual de las capas superficiales de la piel.

Esta técnica ha de ser llevada a cabo por médicos con una formación adecuada, ya que la calidad y la duración de los resultados mejora al combinar diferentes técnicas. En el caso de una piel de buena calidad, cuando las arrugas son todavía mínimas, basta con utilizar los hilos dotados de pequeños conos. Si existe un hundimiento marcado en las mejillas, señal de pérdida de volumen en la grasa profunda, es necesario recurrir a los rellenadores inyectables, ya sea antes de colocar los hilos o en el momento de su inserción.

En el caso de trabajar en una piel de mala calidad, es necesario tratarla primero con rellenadores para aumentar su grosor y su calidad, al menos entre 5 y 8 semanas antes de aplicar los hilos. Si hay un exceso pronunciado de piel, que no puede tratarse con rellenadores o mediante el uso exclusivo de hilos, la tecnología Silhouette Soft se combina con un lifting facial mínimamente invasivo, reduciendo los inconvenientes de la cirugía y logrando que esta sea mucho más leve.

Resultados de los hilos tensores

Como ocurre con cualquier técnica, también pueden surgir ciertas complicaciones con los hilos. Algunas de estas complicaciones se deben al mal anclaje de las espículas en los tejidos, que obliga a colocar muchos hilos para tratar de dar un buen resultado, pero, generalmente, la mayoría se deben a una mala técnica, de ahí la importancia de elegir un especialista completamente acreditado en cirugía plástica, dermatología o medicina estética, que goce de una adecuada formación en la técnica Silhouette Soft.

El lifting con hilos es un medio muy eficaz para tratar los signos de envejecimiento y compensar los cambios que lleva asociados sin crear una piel rígida o un aspecto poco natural, como suele ocurrir con demasiada frecuencia. Pero los pacientes también han de entender que en ningún caso puede sustituir a un lifting facial propiamente dicho en aquellos casos en que esté indicado. Si la piel muestra un apariencia muy laxa o con muchas arrugas finas o si se da un auténtico exceso de piel, será necesario aplicar también otras técnicas antes para preparar las capas superficiales de la piel con peelings, mesoterapia, microneedling, estimulación del colágeno, plasma rico en plaquetas, radiofrecuencia o ultrasonidos de alta frecuencia.

Así, las pérdidas de volumen han de compensarse con rellenadores cutáneos adecuados a la calidad de la piel y al volumen necesario, ya que no todos los ácidos hialurónicos son capaces de dar respuesta a los diferentes problemas. El exceso de piel debe retirarse con un lifting facial correctamente realizado, ya que esta intervención es ahora mucho menos invasiva, presenta pocos inconvenientes y el tiempo de baja se ha visto reducido a unos pocos días o incluso unas pocas horas. También pueden utilizarse rellenos en aquellos casos en los que el lifting facial ofrece resultados insuficientes o decepcionantes.


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