Toxina botulínica: Hacia dónde vamos

toxina botulinica

Llevamos casi dos décadas sin novedades en el campo de los neuromoduladores, así que no es de extrañar que la llegada de nuevas toxinas despierte tanta expectación. ¿Cuáles son las diferencias que pueden aportarnos estas novedades? Pero, sobre todo, y más importante, ¿qué camino abren o encabezan? El futuro que se nos presenta es interesante.

Por la Dra. Sara Carrasco

Durante años hemos trabajado con tres neuromoduladores. La primera toxina autorizada para tratamientos estéticos fue la anobotulinumtoxin A, en 1989. Poco después, en 1990, se aprobó para este uso la abobotulinumtoxin A y, por último, en el 2005, la incobotulinumtoxin A. Llevamos, por lo tanto, desde el 2005 sin novedades en este campo, casi 20 años. No es de extrañar que la aparición de nuevas toxinas sea acogida con tanto interés y curiosidad.

Trabajar off-label

De momento, estas nuevas toxinas no parecen traer nuevas indicaciones o nuevas zonas de tratamiento aprobadas en ficha técnica. Las novedades en indicaciones aprobadas parece que van a venir de la mano de las toxinas clásicas en un futuro, con más estudios y experiencia, lo cual también tiene su lógica.

Siendo así, tendremos que seguir trabajando “fuera de indicación en ficha técnica” si queremos conseguir resultados personalizados en nuestros pacientes, al menos si el objetivo del tratamiento con neuromoduladores no es focalizado, sino que pretendemos mejorar la dinámica muscular global de nuestros pacientes y no tratar arrugas de expresión localizadas. Necesitamos trabajar al paciente de forma integral en neuromoduladores, como un todo, y para ello debemos abordar esta dinámica en su conjunto total, lo cual nos lleva a incluir en el tratamiento zonas como el platisma, zona peribucal, elevadores y depresores, además de las clásicas indicaciones de tercio superior.

Un todo único

Y es que cada vez tenemos más conocimiento acerca de la dinámica muscular en nuestros pacientes. La popularización de los estudios anatómicos en cadáver y la utilización de software de análisis de imagen nos ha permitido comprender mejor qué impacto tienen nuestros tratamientos sobre las diferentes áreas del rostro.

Ahora, más que nunca, empezamos a ser muy conscientes de una realidad antes intuida, pero que cada vez es más objetivable. El rostro del paciente es un todo, un todo único. La dinámica de expresión de emociones y de comunicación de nuestros pacientes es global; abordar esta dinámica realizando tratamientos parciales carece de sentido ante una visión globalizada de la anatomía y de las estructuras que dan capacidad de comunicación al rostro.

Qué cambia ahora

A finales del 2022 se presentó en el congreso del GEDET de la AEDV la nueva toxina letibotulinumtoxin A que, junto con la presencia ya en el mercado de abobotulinumtoxin A solución, constituyen las dos principales novedades en toxina. Estas presentan algunas diferencias frente a las toxinas ya existentes. Por una parte, letinobotulinumtoxin está aprobada para su uso en mayores de 75 años, y además proviene de una cepa de clostridium botulinum diferente. Mientras, la presentación abobotulinumtoxin A solución puede aportar una toxina ya preparada, evitando errores en su dilución.

Tendremos que seguir trabajando “fuera de indicación en ficha técnica” si queremos conseguir resultados personalizados en nuestros pacientes

Realmente, la diferenciación se ha centrado hasta el momento en dos puntos dispares. Por una parte, los estudios de duración de las toxinas y, por otra parte, su coste. De momento, las toxinas que actualmente están disponibles no parecen presentar perfiles de duración muy discrepantes, y actualmente la ratio duración/precio es similar entre ellas.

Ya aprobada en EE. UU., pero no distribuida en Europa, todavía nos queda por analizar la daxinobotulintoxin A, que en estudios muestra una duración significativamente mayor que sus competidoras de mercado. Sin embargo, como todo en medicina, la práctica clínica marcará la evidencia científica con los estudios real life, ya que, como esta toxina indica en ficha técnica, es necesario utilizar casi el 80 % del vial para obtener la duración estimada en los estudios por zona. Así que su mayor duración puede tener que ver más con el número de unidades necesarias que con el péptido estabilizador (RTP004 Stabiling Peptide Excipient), como en un principio se propuso.

Interesante la llegada de la toxina tipo E de inicio rápido y corta duración (semanas), cuyo uso clínico es limitado a un grupo de pacientes muy específico, pero que como toxina para docencia parece muy interesante, ya que la corta duración de sus efectos será su mayor ventaja en este campo.

Reflexiones finales

Sería deseable que la entrada de todas estas nuevas toxinas nos acercase a los tratamientos personalizados con neuromoduladores. Tratamientos que nos permitieran trabajar desde todas las indicaciones, ya no fuera de ficha técnica como en la actualidad, sino amparados por estudios científicos. Necesitamos toxinas que duren más efectivamente, pero, sobre todo, necesitamos toxinas que nos permitan realizar un abordaje integral de nuestros pacientes con perfil de seguridad y eficacia óptimos.

El futuro que se nos presenta es interesante. Como profesionales, sabemos que cada toxina es un fármaco diferente y que, realmente, al no ser fármacos biosimilares, no podemos compararlas entre sí. Sí podemos comparar, no obstante, los efectos de neuromodulación que inducen en nuestros pacientes y en qué zonas nos otorgan su máximo rendimiento. En el futuro puede estar cercana la combinación de toxinas de características diferentes para poder personalizar el tratamiento de nuestro paciente y así lograr un equilibrio en la dinámica muscular facial.

Por si esto fuese poco, el campo de uso de la toxina como neuromodulador se ve ampliado; cada vez hay más líneas de investigación y práctica clínica acerca de sus propiedades como regulador de la secreción sebácea, acerca de qué interrelación puede tener con los fibroblastos y de cómo este fármaco puede ayudarnos en nuestros tratamientos.

El futuro deberá estar, por tanto, centrado en nuestro paciente, en sus verdaderas necesidades, en cómo los neuromoduladores le pueden ayudar a comunicarse y expresar sus emociones, así como disfrutar de una piel funcionalmente mejor. La visión de nuestro paciente de forma global y basada en el conocimiento de las características de las nuevas toxinas será clave para saber cuál elegir en cada proceso.

Sin duda, no me quiero perder ni un minuto de ese futuro, ¿y tú?