El creciente interés por el entrenamiento de fuerza no solo responde a sus beneficios sobre la masa muscular, la salud metabólica o la longevidad. La evidencia científica más reciente apunta también a un posible efecto positivo sobre determinados parámetros estructurales de la piel, especialmente a nivel dérmico.
Así lo explica la Dra. Almudena Nuño, dermatóloga del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica (GEDET), basándose en investigaciones recientes que analizan la relación entre ejercicio físico y envejecimiento cutáneo.
Fuerza y piel: una conexión cada vez más estudiada
Según la especialista, algunos estudios han observado que los programas de entrenamiento de fuerza pueden favorecer un aumento del grosor dérmico, un hallazgo especialmente relevante si se tiene en cuenta que la dermis tiende a adelgazar progresivamente con el paso de los años.
Entre los mecanismos que podrían explicar este efecto destacan varios procesos biológicos relacionados con la actividad muscular. Durante la contracción, el músculo libera mioquinas, moléculas con capacidad para influir sobre distintos tejidos, incluida la piel. Además, el ejercicio de fuerza parece estimular la síntesis de colágeno y otros componentes de la matriz extracelular, estructuras fundamentales para mantener la firmeza y calidad cutánea.
A ello se suma su capacidad para reducir la inflamación sistémica de bajo grado y el estrés oxidativo, dos factores estrechamente vinculados al envejecimiento de la piel. Según la Dra. Nuño, estos mecanismos podrían contribuir también a una mejor organización de la dermis y a ralentizar algunos de los cambios asociados al envejecimiento cutáneo.
¿Puede ayudar frente a la flacidez?
La relación entre entrenamiento de fuerza y flacidez facial es más compleja. Aunque el ejercicio no actúa directamente tensando la piel del rostro, sí puede contribuir de forma indirecta a mejorar algunos de los factores implicados en su aparición.
La especialista señala que la flacidez depende de múltiples elementos, entre ellos la pérdida de colágeno y elastina, la disminución del soporte muscular, los cambios en los compartimentos grasos faciales o el remodelado óseo propio del envejecimiento.
En este contexto, el entrenamiento de fuerza podría favorecer una mejor calidad dérmica, contribuir al mantenimiento de la masa muscular y mejorar parámetros metabólicos relacionados con la inflamación y el estrés oxidativo. Asimismo, una composición corporal más saludable suele asociarse a una apariencia más firme y rejuvenecida.
No obstante, la Dra. Nuño subraya que estos beneficios no sustituyen a los tratamientos médicos o dermoestéticos específicamente indicados para el abordaje de la flacidez facial.
El papel del ejercicio aeróbico
Aunque el foco mediático se ha desplazado en los últimos años hacia el entrenamiento de fuerza, el ejercicio aeróbico continúa desempeñando un papel relevante en la salud cutánea.
Entre sus beneficios destacan la mejora de la microcirculación sanguínea, el aumento del aporte de oxígeno y nutrientes a los tejidos, la regulación de la inflamación sistémica y el fortalecimiento de los mecanismos antioxidantes propios del organismo.
Además, influye positivamente sobre factores estrechamente relacionados con la calidad de la piel, como el sueño, el control del estrés, la sensibilidad a la insulina o la salud cardiovascular.
La especialista recuerda también que, en determinadas patologías inflamatorias cutáneas como psoriasis, dermatitis atópica, rosácea o acné, el ejercicio aeróbico correctamente pautado puede convertirse en un complemento beneficioso dentro de una estrategia integral de cuidado.
Un enfoque combinado para favorecer el envejecimiento saludable
Lejos de plantear una competición entre entrenamiento de fuerza y ejercicio cardiovascular, la evidencia actual sugiere que ambos actúan mediante mecanismos complementarios.
Por ello, las recomendaciones generales de actividad física continúan siendo la referencia más razonable también desde el punto de vista dermatológico: combinar entre 150 y 300 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado con dos o tres sesiones de entrenamiento de fuerza.
“Más que pensar en porcentajes exactos, hablaría de una combinación equilibrada”, señala la Dra. Almudena Nuño. “Una base aeróbica regular junto con la incorporación de fuerza varias veces por semana probablemente sea la estrategia más razonable para mantener una piel sana y favorecer un envejecimiento cutáneo saludable”.
La visión dermatológica
Para los profesionales de la dermatología y la medicina estética, estos hallazgos refuerzan la importancia de abordar el envejecimiento cutáneo desde una perspectiva global. Aunque los procedimientos médicos continúan siendo fundamentales para tratar signos concretos del envejecimiento, hábitos como la actividad física regular podrían convertirse en aliados cada vez más relevantes para preservar la calidad de la piel a largo plazo.
Fuente: Dra. Almudena Nuño, dermatóloga del GEDET y directora de IMDA Instituto de Medicina y Dermatología Avanzada, a partir de investigaciones recientes sobre entrenamiento de fuerza y envejecimiento cutáneo. Basado en información facilitada por GEDET-AEDV.














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