Ingeniería facial

La medicina estética contemporánea ha dejado atrás la era del retoque visible para entrar en una fase mucho más sofisticada y casi quirúrgica en su precisión. Ya no existe “el” ácido hialurónico, igual que no existe un único modo de tratar un rostro atravesado por movimiento, pérdida ósea, gesticulación, genética y estilo de vida.

Con Evolus

La doctora Marta Garay, advocate de la marca Evolus, habla de armonía facial, de estructuras de soporte y de productos diseñados a medida para cada zona de la cara, como los nuevos Estyme de la firma californiana. La nueva medicina estética está menos obsesionada con cambiar rasgos y mucho más centrada en conservar la identidad.

Dra Marta Garay.

Médico estético del Grupo Pedro Jaén (Madrid) y medical advocate de Evolus

Pregunta- Doctora, durante mucho tiempo hemos hablado de “el ácido hialurónico”, en singular. ¿Cuándo empieza la era de “los ácidos hialurónicos”?

Respuesta- Se hablaba de “el ácido hialurónico”, en singular, cuando no se daba tanta importancia al hecho de informar al paciente. El paciente llegaba, le pinchabas, te preguntaba qué habías hecho, y tú le decías que le habías puesto ácido hialurónico. Ahora el paciente te pregunta qué le vas a poner, cuánto y qué tipo de producto es; así que ese cambio se ha producido porque el paciente cada vez viene más informado… o eso es lo que él piensa. Ya no vale llegar a consulta, tumbarse y dejarse hacer: hay que educar al paciente.

P.- ¿Qué significa exactamente que un rostro pueda necesitar cuatro tipos distintos de ácido hialurónico?

R.- Al final, el rostro hay que esculpirlo; no tiene nada que ver el tercio inferior, con el medio o el superior. Dependiendo de la zona, la piel tiene un grosor u otro, más o menos tejido graso… Cada zona hay que tratarla con unas características específicas. Por ejemplo, la piel de la zona periocular es cuatro veces más fina que la de la cara. Tratar toda la cara como si fuera una única estructura es un error.

P.- ¿En qué se diferencian entre sí los ácidos hialurónicos?

R.- Dependiendo de la técnica de producción, fabricación y conservación, los ácidos hialurónicos dan lugar a diferentes viscosidades, distinta capacidad para ser moldeado, rapidez de degradación o resistencia a ella. Ese proceso va a ser determinante, y a la hora de trabajar, va a facilitar la intervención del médico y a reducir mucho las posibles complicaciones. En el caso de Estyme, los ácidos hialurónicos de Evolus, cuentan con una tecnología de última generación que incluye el método de fabricación COLDX, lo que significa que las cadenas de hialurónico se mantienen en su estado original, por lo que requieren menos agente reticulante; de ahí que generen menos inflamación, además de que cada vez se necesita menos producto y que no hay necesidad de rectificar.

P.- Si pensamos, como decía, el rostro como una obra de ingeniería, ¿qué papel cumple cada tipo de ácido hialurónico?

R.- Sobre todo, van a hidratar la piel, pero también van a regenerar y estimular la formación de colágeno. Así que trabajaremos a la carta: en unas zonas vamos a pedir una estimulación de la regeneración y una hidratación; en otros puntos vamos a querer recuperar volúmenes perdidos (como por ejemplo en el tercio medio, debido al paso de tiempo, a pérdida de peso o a mil razones diferentes), y en otras zonas no se pedirá proyección sino recuperar unos pilares básicos para mantener la estructura.

P.- ¿Qué zonas del rostro exigen productos más estructurales y cuáles necesitan materiales más flexibles o dinámicos?

R.- En aquellas zonas donde hay más movimiento, como el labio, vamos a preferir un producto muy modulable y flexible y que se adapte a la mucosa labial; en otras zonas con movilidad mínima, como las sienes, utilizaremos un producto más denso que no migre y que haga ese efecto de soporte.

P.- ¿Cuál es el principal error cuando se utiliza el mismo ácido hialurónico para todo el rostro?

R.- La migración del producto, básicamente. Si lo que utilizas es un producto que no tiene las características que necesita esa zona determinada vas a abrir la puerta a las complicaciones.

P.- ¿Cómo influyen factores como la edad, la pérdida ósea, la calidad cutánea o incluso el estilo de vida en la elección del ácido hialurónico?

R.- Muchísimo, porque dependiendo de un caso u otro estaremos trabajando sobre una base diferente. La típica frase de “a mi amiga le ha quedado genial” no nos funciona. Es importante un buen diagnóstico, un buen estudio de la anatomía de esa persona en particular, la calidad del producto y el laboratorio con el que se trabaje.

P.- ¿Qué importancia tiene el diagnóstico previo?

R.- Es casi lo más importante. Un buen diagnóstico nos va a asegurar un buen tratamiento y, por consiguiente, un buen resultado. Si no, es como echar una moneda al aire. Antes de intervenir tenemos que hacer una historia clínica previa, saber qué medicación toma el paciente, qué productos previos han podido dejar un residuo, saber qué es lo que quiere, y garantizar así un buen resultado.

P.- O sea que, ¿un buen tratamiento empieza mucho antes de la aguja?

R.- El tratamiento empieza cuando recibes al paciente por primera vez en consulta. En el primer minuto ya vas a saber si va a confiar en ti, si queréis lo mismo, y si veis la medicina estética de la misma manera.

P.- Hoy se habla mucho de naturalidad. ¿La clave está más en la cantidad infiltrada o en elegir correctamente el producto?

R.- Está en poner pocas dosis para que el cuerpo las asimile sin riesgo a que haya un rechazo. Así iremos recuperando la hidratación de la piel y recuperando o posicionando características perdidas. Hay que decir no a cambiarle la cara a las personas en consulta; hay que trabajar siempre con pequeñas cantidades. Y, evidentemente, en este punto, la calidad de producto es esencial: Fernando Alonso, con un mal coche, nunca hubiera ganado lo que ganó.

 P.-  Y, ¿hasta qué punto influye la movilidad facial?

R.- Antes de tratar a un paciente le pedimos que gesticule, que ponga cara de sorprendido, de pena, que haga pucheros, que se ría a tope, que frunza el ceño… Eso es lo que nos va a permitir evitar que el producto se note.

P.- ¿Qué diferencia hay entre reposicionar y proyectar?

R.- Reposicionar sería recuperar un tejido perdido, como puede ser el paquete graso de las sienes, y proyectar sería aportar un volumen que el paciente nunca ha tenido, como unos labios o un pómulo. Yo trabajo más reposicionando volúmenes perdidos.

P.- La medicina estética actual, ¿tiende más a prevenir que a corregir?

R.- Tiende a mantener la salud de la piel. No hay que prevenir, sino mantener el buen estado, por eso hay que ir cuando se está bien, y no cuando ya se está mal. Lo ideal es que no nos abandonemos para que no haya un deterioro global de la piel y los volúmenes.

⁠P.- ¿Qué significa hoy rejuvenecer sin transformar?

R.- No es tanto recuperar caras pasadas, sino que queremos sacarles todo el partido posible a esos rasgos característicos de los 50 años.

P.- ¿Cómo se evita el llamado “rostro clonado”, esa sensación de caras excesivamente parecidas?

R.- Cuando tratamos todas las caras de manera global, sin individualizar, sin estudiar la anatomía de esa persona, sin pedirle que gesticule, sin pararnos a entender esa cara en concreto, estaremos tratando a todas las personas por igual y pasaremos de ser médicos a ser trabajadores en cadena. Ese es el error. La armonía y la naturalidad requieren tiempo y estudio.

P.- ¿Cómo ha cambiado el conocimiento anatómico de la cara en la medicina estética de los últimos años?

R.- El médico cada vez es más consciente de que tiene que invertir muchas horas en formarse, en estudiar la anatomía. Es como si un jugador de fútbol no supiera si la pelota es redonda, cuadrada o triangular. Un futbolista tiene que saber cómo es una pelota. Y nosotros tenemos que saber al dedillo de anatomía, porque solo así sabemos qué puede pasar. Por eso es interesante trabajar con laboratorios como Evolus, porque invierten mucho en formación de los médicos.

P.- La nueva medicina estética, ¿trabaja más con la calidad del tejido y la armonía global que con el volumen?

R.- La calidad del tejido es lo primero que quiere todo el mundo, es el número uno en los deseos de los pacientes, mucho más que la reposición de volúmenes. Por suerte, el ácido hialurónico repercute en la calidad de la piel cuando se usa el producto adecuado de la manera correcta.

P.- ¿Se puede hablar ya de una “medicina estética de precisión”?

R.- Sí, siempre y cuando vaya de la mano de una medicina estética formada, estudiada y con respeto al paciente.

P.- ¿Qué avances veremos en los próximos años en este campo?

R.- A nivel de aparatología, para el estudio de la armonía facial habrá un gran impulso; por ejemplo, la ecografía ya es algo presente en la consulta, sobre todo para prevenir complicaciones o detectar producto previo.

P.- Si tuviera que resumir la medicina estética contemporánea en una idea, ¿cuál sería?

R.- Tratar al paciente de manera individual, respetar los tiempos de cada persona –no queremos rasgos de 30 en una mujer de 50–, cuidando a cada mujer a su edad de la mejor manera posible, con rigor científico, y con mucha calidad en los productos que utilicemos.