Los hombres ya representan entre un 30 y un 35 % de los pacientes, pero llegan con una filosofía muy distinta a la femenina: buscan verse descansados, conservar su expresión y envejecer con naturalidad. Nos lo cuenta una de las figuras de referencia de la medicina estética española, el doctor Javier Anido.
Hubo un tiempo en el que la medicina estética parecía un territorio exclusivamente femenino. Hoy esa frontera prácticamente ha desaparecido. El hombre ha perdido el miedo a cuidar su imagen y acude cada vez con mayor frecuencia a consulta. Sin embargo, lo hace con unas expectativas muy concretas y con una premisa que el doctor Javier Anido resume en una frase: “Que no se note”.
Según explica Anido, los hombres ya representan entre un 30 y un 35 % de sus pacientes, una cifra que no deja de crecer. Aunque durante años les costó dar el paso, una vez que empiezan suelen convertirse en pacientes muy fieles. “Son más constantes y también más realistas respecto a lo que quieren conseguir”, señala. No buscan parecer otra persona ni borrar cualquier signo del paso del tiempo. Quieren dejar de transmitir cansancio, enfado o dureza, pero seguir reconociéndose en el espejo.
Respeto por la identidad
Esa naturalidad es precisamente la gran revolución de la medicina estética contemporánea. Atrás han quedado los excesos que durante años alimentaron el temor masculino a verse artificiales o incluso feminizados. “Hoy huimos de las caras sobrerrellenadas. El gran hallazgo ha sido lograr resultados sutiles, y eso tiene todavía más importancia en el hombre”, explica el especialista.
Para Anido, la medicina estética masculina no consiste en aplicar los mismos tratamientos que a las mujeres. La belleza comparte principios universales, como la armonía o la simetría, pero después es necesario respetar los códigos propios del rostro masculino. Esa ha sido, en su opinión, una de las claves para que muchos hombres hayan perdido el miedo a la especialidad: comprender que un tratamiento bien indicado no feminiza el rostro, sino que potencia aquellos rasgos que definen su identidad.
Sus fórmulas en consulta
Las demandas también cambian con la edad. Entre los pacientes jóvenes predominan los tratamientos destinados a reforzar la mandíbula y el mentón, buscando una mayor definición facial. A partir de los cuarenta años, en cambio, la prioridad deja de ser la masculinización para centrarse en el rejuvenecimiento. Es entonces cuando aparecen las consultas por las ojeras, las líneas de expresión, el entrecejo o esa sensación permanente de cansancio que endurece el rostro. En muchos casos, además de la toxina botulínica, es necesario recurrir al ácido hialurónico para recuperar soporte y corregir determinadas depresiones.
La anatomía explica buena parte de estas diferencias. Según apunta el especialista, hombres y mujeres envejecen de forma distinta. Mientras ellas tienden a perder soporte óseo en las zonas laterales del rostro, ellos presentan una mayor reabsorción en la región central y alrededor de la órbita ocular, un proceso que hace que las ojeras se hagan especialmente evidentes con los años.
Comprender esos cambios permite diseñar tratamientos mucho más personalizados. En consulta, Anido apuesta por protocolos discretos y progresivos. Para definir y reforzar los rasgos masculinos recurre a Estyme® Sculpt, Estyme® Smooth y Estyme® Form para aportar un mayor soporte estructural. Cuando el objetivo es mejorar la calidad de la piel sin modificar los volúmenes faciales, su elección es Estyme® Smooth, un ácido hialurónico que hidrata en profundidad y aporta una ligera tensión con un resultado muy natural. “Es el producto que más utilizo en hombres porque me permite hacer tratamientos sutiles y efectivos”, explica.
Según añade, al carecer de un volumen prominente en los pómulos, el rostro masculino requiere un discreto soporte cigomático que preserve su anatomía sin que el tratamiento resulte evidente.
Agradables a la vista
No obstante, el especialista lanza una advertencia: no todos los hombres necesitan una mandíbula extremadamente marcada. “Estoy en contra de que todos quieran mandíbula y acaben convertidos en auténticos modelos estandarizados”, afirma con rotundidad. A su juicio, la belleza masculina no puede reducirse a una única proporción anatómica. Algunos hombres quieren transmitir fortaleza; otros buscan una imagen más cercana, amable o serena. La medicina estética debe acompañar esa identidad, no imponer un modelo único.
En esa construcción de la imagen personal, la simetría continúa desempeñando un papel fundamental. Diversos estudios la relacionan con una percepción inconsciente de salud y calidad biológica, aunque Anido recuerda que la verdadera belleza va mucho más allá de unas medidas perfectas. “La belleza consiste en transmitir a los demás una sensación positiva y agradable”, sostiene. En ocasiones, eso implica precisamente suavizar aquellos rasgos que proyectan una expresión excesivamente dura o agresiva.
Convencido de que la presencia masculina en las consultas seguirá creciendo durante los próximos años, el doctor celebra que esta incorporación coincida con un cambio profundo en la propia filosofía de la medicina estética: tratamientos menos invasivos, más coordinados y planificados en el tiempo, capaces de acompañar el envejecimiento sin ocultarlo. Porque el objetivo, concluye, ya no es perseguir una juventud imposible, sino ofrecer también a los hombres la posibilidad de envejecer con dignidad, coherencia estética y naturalidad.
Consulta las instrucciones de uso completas de Estyme en www.symatese-lab.com/ressources/professionnals/

Dr. Javier Anido
Médico estético
Director de la clínica Gaztambide (Madrid) y advocate de Evolus











Deja una respuesta