Según la OMS, el tabaco mata anualmente a más de 8 millones de personas, de las cuales más de 7 millones son consumidores directos y alrededor de 1,2 millones son no fumadores expuestos al humo ajeno. Por ser menos alarmantes que este dato o que la lista de enfermedades asociadas a este hábito, que lo convierten en una amenaza pública, se insiste menos en sus consecuencias dermatológicas y estéticas pero, por supuesto, las tiene.

Por Leyre Gaztelurrutia Lavesa

La OMS define el tabaquismo como una enfermedad adictiva crónica que evoluciona con recaídas en la que la nicotina es la sustancia responsable de la adicción, actuando a nivel del sistema nervioso central. La epidemia del tabaquismo es una de las mayores amenazas para la salud pública y mata en el mundo a más de 8 millones de personas al año entre fumadores activos y fumadores pasivos, siendo la principal causa de muerte evitable a nivel mundial.

El cigarrillo, además de contener mezcla de diferentes tipos de tabaco, contiene numerosos aditivos, que suponen aproximadamente el 10% del peso del cigarro. No existe ninguna reglamentación sobre estos aditivos y, pese a estar probado su uso en alimentación, se desconocen sus efectos en el organismo tras sufrir la combustión. En 1993, las autoridades americanas obligaron a publicar una lista de sustancias empleadas, de lo cual se extrajo un compendio de 599 sustancias declaradas, sin precisar cantidades. De este listado, más de 100 tienen acción farmacológica y otras, además de enmascarar la visibilidad o el olor del humo, son empleadas para acelerar la velocidad de absorción de la nicotina y a aumentar su capacidad adictiva. Como […]